Running y contaminación

Te llenas de energía, te tomas una barrita de cereales, te calzas las zapatillas y sales a correr. Y, mientras tu conciencia se limpia a cada paso, es muy probable que tus pulmones se vayan ensuciando. ¿La razón? La contaminación que invade nuestras ciudades. Y no cantes victoria por vivir en un pueblo o una ciudad pequeña, porque según la Organización Mundial de la Salud (OMS), incluso en estos casos podrías estar expuesto.

Cuando sales a correr, inhalas cerca de 20 veces más aire que en estado de reposo, según la Asociación Americana del Pulmón. Y eso significa que entra mucha más porquería en tus pulmones que cuando entrenas en el gimnasio, por ejemplo. En ocasiones, es tal la cantidad que te metes sin querer entre pecho y espalda que incluso puede llegar a arruinar los efectos saludables de la práctica de ejercicio físico al aire libre.

¿QUÉ CONTAMINA EL AIRE?

La OMS considera que el aire no es de calidad cuando cuatro agentes contaminantes superan unos determinados niveles. Esos pequeños grandes enemigos son las partículas en suspensión (PM), el ozono troposférico, el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre. De entre todos ellos, las PM2,5 son las más perjudiciales debido a su tamaño, que les permite entrar en los pulmones con más facilidad. Están compuestas de una mezcla de sustancias como el carbón, el amoníaco o los nitratos.

Los mayores emisores de estas partículas son los motores diésel de los coches, cuya reputación respecto al medio ambiente se cuestiona cada vez más. De hecho, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, anunció hace un año que los motores diésel estarán prohibidos en la capital francesa en 2020. En España, siete de cada diez coches que se matriculan son diésel (su compra está bonificada porque emiten menos CO2).

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